Poema: Hoja suicida

Todo existir humano es un invento.
Ni tú ni yo tenemos valor para Natura,
accidente cósmico,
engaño del Tiempo sediento de placer inmediato:
desnudarte igual que la palabra deseo:
despacio, sensual, onírico.
Me miras y te miro, y al final somos de la Nada,
oscuridad total, sosiego, calma,
el cuerpo de un perro agusanado a mitad de la calle.

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Cuento: Un hogar

I
En una época en la que la población gatuna aumentaba a diario, la comida escaseaba; y el secuestro de humanos y el asalto a casas y violaciones, eran algo cotidiano. Por eso durante cinco semanas Oei e Io permanecieron dentro de casa, en tiempos interesantes un hogar da calma y seguridad.

—Volverá, Io. Joe volverá. Confiemos en él, mientras debemos cuidarnos.

—Sí —ronroneó Io, saltó temblando hacia una de las ventanas y se asomó con cautela—. Los siete gatos negros aún nos vigilan. Lo harán esta noche.

Oei notó preocupación en la mirada grisazulada de Io, le ordenó que se bajara y le propuso que una vez ellos adentro ellas irían a pedir ayuda al pastor alemán de la vecina: Monster. Io aceptó.

II
Corrieron. La ventana del cuarto de Joe estaba abierta. Uno de los gatos alcanzó a tumbar a Oei. Io se le aferró al cuello, Oei le arrancó una oreja. Ambas saltaron.

III
Al verlas, Monster entendió la situación.

IV
La tarde que Joe regresó a casa, fue una de las más felices para Oei e Io. Habían pasado dos meses desde la última vez que desayunaron con él.

Poema: Corazón de caramelo

Mi nombre en tu boca, el tuyo en la mía,
cuerpos descalzándose en la distancia,
existente entre la calma y el ansia,
de un colibrí libando fantasía:

néctar con sabor a la sincronía
del aroma a durazno y la fragancia
del río que empapa, con elegancia,
los valles de nuestra tierra baldía.

Me miras y te miro, suspiramos;
la calidez del viento veraniego
nos acaricia, nos besa; gozamos.

Dices: “Hasta pronto”. Digo: “Hasta luego”.
Nos nombramos. Somos. Nos separamos.
Hacer el amor es un dulce juego.

Relato: Vivir de la muerte

Risas. Carcajadas. El humo de la marihuana saliendo por la ventana de un cuarto. Risas. Carcajadas. En el buró una pipa improvisada con una manzana, a un costado de la fotografía de tres personas sonriendo. Risas. Carcajadas. La noche llena de luna y de estrellas y de música. Risas. Carcajadas. Había algo distinto en el ambiente, incluso también dentro de nosotros. Más risas, más carcajadas: el cuarto, el humo, la noche y nosotros. Luna y estrellas y música, cuerpo y sombras y recuerdos, aliento ante el olvido, contento frente a la desolación, fortaleza contra el abandono.

Pronto cantó el Gallo:

Estaba a punto de dormirme cuando él llegó del trabajo. Me saludó, entró rápido a su cuarto, y luego me gritó que si quería un pedacito de motcake.

—¡Güe, güe, güe! ¿Es neta?

—Sí, Bro. Me lo regaló una compi.

Me levanté del sillón y corrí. La curiosidad incentiva el apetito. Me dio un pedazo pequeño y me dijo que esperara. Así lo hice durante una hora: nada raro pasaba conmigo. Volví y le pedí otro poco. Aceptó, no sin antes advertirme que el efecto depende de la presentación y de la cantidad. ¿Hablamos? Amaneció y tuve sed.

Habló María:

Me fumé en un suspiro, me acosté, cerré los ojos y me imaginé desnuda y húmeda y desarmada sobre su pecho. Ansiaba que me acariciara los senos, y que me besara el cuello, y que me mordiera los labios, y que me lamiera los pezones y la vulva. Y que sus dedos jugaran dentro de mí antes de penetrarme despacito… despacito, mientras gemía diciéndome: “Me encanta tu sabor a durazno y tu aroma a frutos rojos. Quédate por siempre con esta vida que es más tuya que mía. En dosis adecuadas volar es placentero y motivante”. Tuve sueño.

Al final armó el Tanque:

No era la primera vez que él y yo fumamos juntos. De hecho era como la tercera o cuarta, la verdad no me acuerdo. Sin embargo, fue divertido. Pedimos unas pizzas y bebimos Black Bear con jugo de mango, para eso del bajón. A ambos se nos trepó el payaso: o sea, nos reímos hasta porque una mosca se suicidó en el vaso de él. El sabor del cannabis nos irritó la garganta. Tosimos, y yo vi a dos nenas victorianas correr de la sala a la cocina. Risas. Carcajadas. Anocheció y él se durmió.

Una pipa improvisada con una manzana a un costado de una fotografía de tres personas sonriendo, en un cuarto. Sombras en un cuerpo, recuerdos. El humo de la marihuana saliendo por la ventana. Silencio. El vuelo: ¿Sigues ahí? ¿Siguen ahí? ¿Seguimos ahí? ¿Me extrañan? ¿Los extraño? ¿Nos extrañamos? Buen viaje. Hasta siempre.

Tres poemas para Oh

Corazón de poeta

Jamás he estado muy cerca o muy lejos
del jardín azul te cielo infinito
dentro de tu infernal pecho bendito,
mas te encuentro entre nocturnos espejos:

En ti cuentos y níveos conejos
nacen, saltan y devuelven el hálito
a las noches en las que a solas grito:
“Al diablo yo y mis tontos complejos”.

En ti poemas y rosas gerberas
brotan, adornan y dan alegría
a mis diarias pesadillas y ojeras.

¡Cuán bella es la maldita brujería
de las palabras francas y hechiceras!:
aun a distancia te siento alma mía.

Corazón de arándano

Lo tierno y lo sensual de tu mirada:
la muerte en un ocaso transparente,
orgasmo de palabras en la mente:
palparte, alma, libertad, azul, hada.

Existir creativa y plateada:
la poesía siempre en ti latente,
lluvia de cielo sosiego y sonriente:
el leerte arrullo de madrugada.

La vida en un alba roja cantando
en el pecho del alegre jilguero
que entre poemas despierta soñando.

Escribe, Muerte, en tus cuentos te espero.
Escribe, Existencia, volando, andando.
Escribe, Vida, en tus versos te quiero.

Corazón de lobo

Soy devoto a tu palabra y lindura:
a la primera, por ser de poeta;
a la segunda, por ser luz que aquieta
la oscuridad que arrastra a la tristura.

Castigo para quien error cometa
al no hallar en tus versos la hermosura:
de la muerte como madre y ternura
de las cosas de la vida concreta.

Dichoso sea quien en tu figura
inspiración encuentra sin careta
para existir valiente y una meta:
de cada día apreciar la ventura.

A Dios debo tu alegría secreta;
a ti, niña, mi sonrisa indiscreta.