Relato: Vivir de la muerte

Risas. Carcajadas. El humo de la marihuana saliendo por la ventana de un cuarto. Risas. Carcajadas. En el buró una pipa improvisada con una manzana, a un costado de la fotografía de tres personas sonriendo. Risas. Carcajadas. La noche llena de luna y de estrellas y de música. Risas. Carcajadas. Había algo distinto en el ambiente, incluso también dentro de nosotros. Más risas, más carcajadas: el cuarto, el humo, la noche y nosotros. Luna y estrellas y música, cuerpo y sombras y recuerdos, aliento ante el olvido, contento frente a la desolación, fortaleza contra el abandono.

Pronto cantó el Gallo:

Estaba a punto de dormirme cuando él llegó del trabajo. Me saludó, entró rápido a su cuarto, y luego me gritó que si quería un pedacito de motcake.

—¡Güe, güe, güe! ¿Es neta?

—Sí, Bro. Me lo regaló una compi.

Me levanté del sillón y corrí. La curiosidad incentiva el apetito. Me dio un pedazo pequeño y me dijo que esperara. Así lo hice durante una hora: nada raro pasaba conmigo. Volví y le pedí otro poco. Aceptó, no sin antes advertirme que el efecto depende de la presentación y de la cantidad. ¿Hablamos? Amaneció y tuve sed.

Habló María:

Me fumé en un suspiro, me acosté, cerré los ojos y me imaginé desnuda y húmeda y desarmada sobre su pecho. Ansiaba que me acariciara los senos, y que me besara el cuello, y que me mordiera los labios, y que me lamiera los pezones y la vulva. Y que sus dedos jugaran dentro de mí antes de penetrarme despacito… despacito, mientras gemía diciéndome: “Me encanta tu sabor a durazno y tu aroma a frutos rojos. Quédate por siempre con esta vida que es más tuya que mía. En dosis adecuadas volar es placentero y motivante.” Tuve sueño.

Al final armó el Tanque:

No era la primera vez que él y yo fumamos juntos. De hecho era como la tercera o cuarta, la verdad no me acuerdo. Sin embargo, fue divertido. Pedimos unas pizzas y bebimos Black Bear con jugo de mango, para eso del bajón. A ambos se nos trepo el payaso: o sea, nos reímos hasta porque una mosca se suicidó en el vaso de él. El sabor del cannabis nos irritó la garganta. Tosimos, y yo vi a dos nenas victorianas correr de la sala a la cocina. Risas. Carcajadas. Anocheció y él se durmió.

Una pipa improvisada con una manzana a un costado de una fotografía de tres personas sonriendo, en un cuarto. Sombras en un cuerpo, recuerdos. El humo de la mariguana saliendo por la ventana. Silencio. El vuelo: ¿Sigues ahí? ¿Siguen ahí? ¿Seguimos ahí? ¿Me extrañan? ¿Los extraño? ¿Nos extrañamos? Buen viaje. Hasta siempre.

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Tres poemas para Oh

Corazón de poeta

Jamás he estado muy cerca o muy lejos
del jardín azul te cielo infinito
dentro de tu infernal pecho bendito,
mas te encuentro entre nocturnos espejos:

En ti cuentos y níveos conejos
nacen, saltan y devuelven el hálito
a las noches en las que a solas grito:
“Al diablo yo y mis tontos complejos”.

En ti poemas y rosas gerberas
brotan, adornan y dan alegría
a mis diarias pesadillas y ojeras.

¡Cuán bella es la maldita brujería
de las palabras francas y hechiceras!:
aun a distancia te siento alma mía.

Corazón de arándano

Lo tierno y lo sensual de tu mirada:
la muerte en un ocaso transparente,
orgasmo de palabras en la mente:
palparte, alma, libertad, azul, hada.

Existir creativa y plateada:
la poesía siempre en ti latente,
lluvia de cielo sosiego y sonriente:
el leerte arrullo de madrugada.

La vida en un alba roja cantando
en el pecho del alegre jilguero
que entre poemas despierta soñando.

Escribe, Muerte, en tus cuentos te espero.
Escribe, Existencia, volando, andando.
Escribe, Vida, en tus versos te quiero.

Corazón de lobo

Soy devoto a tu palabra y lindura:
a la primera, por ser de poeta;
a la segunda, por ser luz que aquieta
la oscuridad que arrastra a la tristura.

Castigo para quien error cometa
al no hallar en tus versos la hermosura:
de la muerte como madre y ternura
de las cosas de la vida concreta.

Dichoso sea quien en tu figura
inspiración encuentra sin careta
para existir valiente y una meta:
de cada día apreciar la ventura.

A Dios debo tu alegría secreta;
a ti, niña, mi sonrisa indiscreta.

Minificción: Three Little Birds

Para Ann

Bob caminaba de regreso a casa cuando Marley le envió un mensaje para invitarlo a una tocada de reggae. Bob le respondió que no. Sólo quería aminorar el estrés del trabajo, dormir y recuperar ánimo para el día siguiente. Marley insistió con un nuevo mensaje. Bob respondió contundente: “Ya te dije que no. Estoy cansado, triste y enojado. Luego te escribo”. Tres pajaritos pasaron jugueteando frente a él, y a lo lejos se oyó: “No te preocupes por nada, porque todo estará bien.” Bob se detuvo un instante. Respiro calmado y escuchó el jugueteo de los tres pajaritos, entre las verdes hojas y la flores violetas del jacaranda, a un costado del camino.

Al entrar a su cuarto Bob suspiró, sonrió y oyó: “No te preocupes por nada, porque todo estará bien”.

Marley lo esperaba vital, amorosa y alegre. Y Ambos se abrazaron. Y ambos se besaron. Fueron aire positivo.

VII poemitas y una canción de cuna para Ann

*
De sol caricia,
de luna blanco beso:
tu “Hola”, tu “Adiós”.

*
De chocolate
dos chispitas oscuras:
tus dulces ojos.

*
Cálido soplo
de invierno a primavera:
tu voz, tu nombre.

*
Nacen suspiros,
y de ellos fantasías,
cuando sonríes.

*
El color rosa
de tus labios primeros
seduce, encanta.

*
Te miro y tiemblo,
es tu mirada, humana,
un bello infierno.

*
Angélica alma,
brotas lid en mi mente;
nombrarte es caos.

*
Libérate de Todo,
allá Nada te espera,
un ensueño es un sueño,
rocío astral de instantes
apagándose en ti.

Allá Nada te espera,
navegando en un barco,
gozando de sí misma,
ésta reirá contigo;
libérate de Todo,
imagínate estrella,
centella o supernova;
allá Nada te espera.

Suspirando en silencio,
árboles cristalinos
nacerán en tu pecho,
cajita musical,
humano corazón;
es hora de dormir,
zafiros luz explotan.

Relato: Historias carmesí

Al ver a Carmilla, Jonathan Harker quedó paralizado durante algunos minutos. La joven lo tomó del brazo y lo invitó a caminar por el pasillo del hospital. El reloj marcaba medianoche, el silencio era un mausoleo y la penumbra los acompañaba. Llegaron frente a un ventanal. Ambos se miraron.

—Mi nombre es el de la novela corta escrita por Sheridan Le Fanu en 1872, precursora de la de Bram Stoker —sentenció susurrando la pálida joven mientras acercaba sus rojos labios escarlata a los de Jonathan, quien le acariciaba extasiado su negro cabello —. No te preocupes. Tu abuela ya descansa y, quizá, pronto estarás con ella. Detrás de toda historia hay una historia, un origen y un final.

Una leve ráfaga de frío viento erizó la piel de Jonathan Harker, que corrió hasta la habitación donde estaba su abuela. Ella había muerto, y él pensó en Carmilla y en Drácula.