Poema: Detrás de la luz también hay oscuridad

Incluso si nuestro destino no está marcado
por un “Siempre jamás”: cuidaré de ti
con respeto, cariño y comprensión.

Honraré tu presencia en mi vida con acciones
y no con promesas fugaces.
Seré tu espada y tu escudo
cuando así lo requieras, escucha y silencio,
distancia y cercanía.

Habrá momentos difíciles y desacuerdos,
insomnio y aburrimiento, ¿para qué mentir?
Y aun así estoy dispuesto a enfrentarlos contigo:
mirando hacia adelante, aprendiendo de las caídas,
y olvidando para conservarnos
con el corazón agradecido y sonriente.

Hasta que la magia entre tú y yo se agote,
seamos nuestro propio presente cada día.

Poema: Doble suicidio

Creo en ti, tengo fe en ti,
y te amo a ti, imagen,
vínculo comunicante de lo real
con lo simbólico: vida.
En tu humana existencia
encontré mi sentido de ser:
texto, imaginario significado
del hacer para tener.

Tuya es la elegancia y valentía
de la noche en total sosiego;
mía, la osadía e indiscreción
de la tarde en pleno bullicio;
tuya y mía, la fuerza y templanza
de la mañana en total sueño.

Si tú te apagas por siempre,
yo me quedaré para hablar de ti;
contigo conocí el amor absoluto.

Relato: Somos parte del dolor que tratamos de olvidar

Subí a mi cuarto y me tumbé en la cama. Quería dormir, descansar un poco. Desde hace meses, por momentos, el corazón me duele cuando palpita y, a veces, golpea. Tomé una almohada, la estrujé, hundí mi cara en ella y cerré los ojos. En unos cuantos minutos se humedeció y, entre sollozos moquientos, recé y pronuncié el nombre de Alma. Suspiré. Abrí los ojos y me quedé mirando la leve capa de polvo que cubría el suelo. Un trueno estremeció los vidrios de la ventana. En un instante se fueron marcando unos pasos. Asustado me levanté y traté de correr. Alguien me abrazó fuerte y dijo: “Amarte es una bendición, no un castigo; libertad, no una prisión. Ama y déjate amar. Te amo”. Un ligero aroma a nardos y rosas se quedó en el cuarto. Crujió mi pecho. Un fresco hálito entró en él, y junto con una cálida caricia me arrancó una costra invisible del corazón. Sin limpiarme las lágrimas me acerqué al mueble donde tengo su fotografía. Le di las gracias.

Alma era una amiga que tuve en la adolescencia, y a quien yo apreciaba demasiado. A ella la encontró una bala perdida, cuando tenía quince años.