Al ver a Carmilla, Jonathan Harker quedó paralizado durante algunos minutos. La joven lo tomó del brazo y lo invitó a caminar por el pasillo del hospital. El reloj marcaba medianoche, el silencio era un mausoleo y la penumbra los acompañaba. Llegaron frente a un ventanal. Ambos se miraron.

—Mi nombre es el de la novela corta escrita por Sheridan Le Fanu en 1872, precursora de la de Bram Stoker —sentenció susurrando la pálida joven mientras acercaba sus rojos labios escarlata a los de Jonathan, quien le acariciaba extasiado su negro cabello —. No te preocupes. Tu abuela ya descansa y, quizá, pronto estarás con ella. Detrás de toda historia hay una historia, un origen y un final.

Una leve ráfaga de frío viento erizó la piel de Jonathan Harker, que corrió hasta la habitación donde estaba su abuela. Ella había muerto, y él pensó en Carmilla y en Drácula.

 

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