A Hadkyn

Dominé mi naturaleza inquieta, enderecé mi espalda, saqué mi pecho y caminé a su ritmo para transmitirle seguridad.

Por la dirección en que la íbamos pensé que visitaríamos a un primo que vive cerca de casa. Me entusiasmé y el paisaje urbano me pareció más agradable y menos secreto: aunque el viento era frío, el Sol resplandecía en el azul desnudo. El verde de los ficus y de las palmeras brillaba alegre. En el aire el olor de las tortillas recién salidas de la máquina y el aroma a pollo fresco y a verduras del día se mezclaban delicados. Los rayones en algunas fachadas pasaron a ser simples líneas para borrarse con aguarrás, y el sonido de los motores (de motocicletas y automóviles) fue armonioso. Jamás lo olvidaré.

Una calma comparable a la de acompañarlo junto a mis hermanos, más allá de la plaza donde se juntan los abandonados, se percibía cada que (en zigzag) cruzábamos la calle. Su intención era evitar que fuéramos sorprendidos por algún vecino rabioso. Nos sabía cuidar y defender.

Nos detuvimos afuera del local donde nos llevaba a comprar galletas y nos sentamos a esperar. Cuando vi en sus ojos un dejo de tristeza anunciada supuse la razón.

—¿Susi?

—El aprecio se conserva hasta el infinito.

Publicado en Revista Infame Núm. 7: Lucidez onírica

Laura Trisot

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Blog http://lauratrisot.jimdo.com/

Canal de Youtube http://goo.gl/R0SzG7

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