Tu amor llegó calladamente;
calladamente se me fue…
José Ángel Buesa, Canción de la búsqueda

I
Es una noche cálida y apacible, pero tú te levantas de la cama. Vas a la sala, enciendes la luz, tomas el cuaderno y el lápiz que están cerca de su retrato, te sientas frente al escritorio y escribes:

Tacho y Nancy

Con un montón de ganas de encontrarse con Nancy, Tacho estuvo puntual en el lugar de la cita. Quería decirle a Nancy que ya había encontrado trabajo y que ahora sí ya iba a dejar de beber con la bandita de la tienda. Sin embargo, Nancy se desmaquillaba; cumpliría su palabra:“Esta es la última oportunidad que te doy, Tacho. Acuérdate que el amor es más que un trago y otro de promesas”.

Una semana antes, Nancy encontró a Tacho en la tienda con cerveza en mano.

II
El amor es un soplo de vida que llega y se va, piensas y escribes:

El maniquí

Mira, observa y contempla el vaivén de cientos de personas al día. Pero en quien pone mayor atención es en el joven que mete en bolsas plásticas los productos con los que la gente llena algunos de sus espacios en blanco.

El tiempo pasa. Las sombras lo rodean. Quisiera cerrar los ojos. Quisiera despegarse de la base que lo mantiene en pie, soñar dormido y encontrar la sonrisa de aquel joven que le regaló un fresco soplo de vida antes de irse. Una mosca le recuerda su condición.

Mira, observa y contempla: callado, inmóvil. En un parpadeo el soplo que refresca la profundidad interna del ser puede presentarse otra vez.

III
¿Por qué escribes? ¿Para qué escribes? Te preguntas, recuerdas su aroma y escribes:

Norma y Rosa

En pocos días mezclaron sus aromas, y para ambas fue tan delicioso que decidieron barrer la basura de un lugar en común en vez de tomarse fotos en cualquier parte. No obstante, desde la noche en que Rosa percibió un ligero aroma a naranja en la ropa de Norma: el olor de Norma le sabe a agua purificada. Y a Norma el de Rosa a agua de limón sin azúcar. Ambas se resisten a tomar una decisión a pesar de que han advertido cómo ese aroma que las unió se desvanece tal aroma de café a medida que va enfriándose. Y ambas lidian con los días en los que Norma piensa en separarse de Rosa, y con los días en los que Rosa piensa en separarse de Norma:

Recuerdan que cuando se conocieron a Norma le gustó el aroma a sandía de Rosa, y a Rosa el aroma a melón de Norma.

El amor a primer olfato es difícil de olvidar.

IV
Te detienes un momento. Una lágrima recorre tu mejilla, cae sobre la hoja y humedece las palabras y tu alma, escribes:

Luna carmesí

Dafne abrió el pecho de Vincent, le sacó el corazón, cortó éste en pedazos pequeños y, tranquila, se sentó a comerlos. Después de saciar su codicioso apetito, se desnudó y se bañó en la sangre de Vincent. Un ardor abrasador la incineró de adentro hacia afuera.

Cegada por el desamor de la Hechicera del Reino del Norte, Dafne olvidó que la sangre y la carne de dragón son tan mortíferas para el cuerpo como la desolación para el alma.

V
Dejas de escribir. Te levantas, colocas el cuaderno y el lápiz cerca de su retrato, apagas la luz y te vas de la sala. Es una noche cálida y apacible, recuerdas: Escribes para responderte su ausencia, escribes porque te liberas y reencuentras, escribes para reinventar tu mundo, escribes porque deseas salvarte del autoabandono.

Selene te mira entre sombras.

Publicado en Revista El Humo: Noche

net-361328_1280

Anuncios