Cierto día del año en curso, a orillas del mar muerto, fue encontrada una tablilla en la que estaba escrito: “En el final de los tiempos los diminutos seres humanos presumirán de su grandeza y despertarán a los dioses”. La noticia del hallazgo causó tal revuelo que hasta en las zonas más pobres del planeta hablaban del tema. Sin embargo, poquito tiempo y la invención de un nuevo procesador de cómputo bastaron para que pronto quedaran en el olvido las palabras escritas en la tablilla. Los seres humanos, siempre insatisfechos, vuelven diminuta la grandeza al ufanarse de sus pequeñas creaciones.

De la noche a la mañana se comercializaron, e incluso se regalaron, en cada  rincón del mundo, equipos con el nuevo procesador. La oscuridad y el caos cubrieron la tierra. Cada persona quería tener un equipo más veloz y más potente.

El bullicio despertó a los dioses y, molestos por la insignificante y virulenta soberbia humana, en silencio presionaron: Ctrl – Alt – Supr. Finalizaron tarea, y luego, reiniciaron y formatearon el sistema.

Publicado en Revista Virtual Lengua de Diablo

número de edición especial “En el fin de los tiempos”

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