Sara y Nicolás se conocieron en el hospital tres días antes de Navidad. Los dos ingresaron por el mismo problema: glomerulonefritis. Aunque Sara era diez años mayor que Nicolás, tenían gustos en común. Por ejemplo: los videojuegos, el anime, la lectura y el helado de fresa. Esto, y la libertad de la que gozaban, los convirtió en la pesadilla de los demás pacientes y de las enfermeras del piso de Nefrología. Andaban de un lado a otro visitando a sus vecinos, claro, sin armar tanto alboroto porque entendían que había personas en un estado muy grave. Además, no a todos les gustaba que ellos les hicieran compañía. Sin embargo, Sara y Nicolás seguían en lo suyo: explorando y divirtiéndose sin cruzar el límite.

Una tarde antes del 24 de diciembre, mientras las enfermeras adornaban la habitación que compartían Sara y Nicolás, se escabulleron al quinto piso: al prohibido, al de Psiquiatría. Entraron sin ningún problema. Estaba frío y por todos lados se escuchaban quejidos. En el pasillo algunos enfermos deambulaban como si fueran carnes de la serie The book of bantorra. Nicolás se puso nervioso y tomó de la mano a Sara, quien para tranquilizarlo le dijo que imaginara que ella era Clare y él Raki (del anime Claymore). Nicolás asintió.

A cada paso que daban la tensión se iba acrecentando, pero no podían dar marcha atrás. Los dos habían prometido llegar a la habitación quinientos siete para ver al extraño personaje del que hablaban las enfermeras. A Nicolás le temblaban las piernas y a Sara le sudaban las manos. Apresuraron el paso y disimularon no ver al personal del hospital para evitar sospechas. Pasaron el puesto de control de enfermeras sin inconvenientes, por suerte todas estaban ocupadas y los médicos residentes estaban en su cubículo.

A siete puertas de su destino, Sara y Nicolás chocaron sus puños. El entusiasmo les duró poco: Un hombre gordo con barba blanca. De piel casi transparente y un metro ochenta de estatura. Enfundado en un traje rojo con un enorme cinturón negro y botas negras de charol, salió corriendo de una las habitaciones gritando con voz ronca: “¡Jo, jo, jo!”

Al verlo, Nicolás abrazó fuerte a Sara, y Sara giró su cuerpo a modo de que Nicolás quedara protegido contra la pared. El comportamiento de algunas carnes es impredecible. El tipo siguió su carrera sin tomarlos en cuenta.

Debido al ajetreo no pudieron ver al extraño personaje de la habitación quinientos siete, y recibieron un tremendo regaño por parte de sus familiares y de las enfermeras. Pero no era para tirarse al drama; ambos se habían divertido y llevado un gran susto.

Para esclarecer la duda que tenían acerca de quién era ese extraño personaje, del que habían escuchado hablar a las enfermeras, le preguntaron a una de ellas. Ésta les respondió que era un hombre que juraba y juraba ser Santa Claus.

Antes de entregarse al sueño, Sara (casi musitando) le dijo a Nicolás en tono socarrón:

—Espero que Santa mañana te traiga lo que le pediste. Buenas noches, pequeño Claus.

Nicolás dejó rodar el mundo bajo su cama.

Publicado en 10 Historias de Navidad, cuentos de VV.AA. ZL,

Colección Narrativa Contemporánea/Cuentos #3

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